matemáticamente Lunes, 21 abril 2014

Dos figuritas para el álbum Panini de la mafia del fútbol

A menos de dos meses del inicio del mundial de fútbol, un nuevo torpedo periodístico lanzado desde Inglaterra remeció a la FIFA esta semana.

El diario The Telegraph reveló el viernes que 2.4 millones de euros fueron depositados en el 2011 en una cuenta bancaria de una de las hijas de Ricardo Teixeira (en ese entonces presidente de la Confederación Brasileña de Fútbol y miembro del Comité Ejecutivo de la FIFA).

El hecho adquiere dimensiones de guión de los Sopranos, al comprobarse que el remitente del giro millonario fue nada menos que el ex presidente del Barcelona Fútbol Club, Sandro Rosell, y que la beneficiaria era una niña de 10 años en el momento en que se produjo el depósito.

Quizá otra historia de corrupción en el fútbol es lo último que queremos escuchar. No es de sorprender por lo tanto, que mientras The Telegraph divulgaba este último escándalo, los aficionados estuvieran más preocupados por el carrerón de Gareth Bale o de las figuritas repetidas del álbum Panini. De cualquier manera, eso de utilizar a una niña para lavar dinero haría regurgitar hasta el mismísimo Frank Underwood y por eso, creemos que se trata de una historia digna de contar.

Ricardo, corazón de bribón

Ricardo Teixeira

Foto: Marcos D’Paula/AE

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Ricardo Terra Teixeira, hijo de un minero de Minas Gerais (perdonen la redundancia) y mediocre estudiante de derecho, parecía destinado al anonimato cuando un hecho fortuito cambió su vida en 1966. En el carnaval de Río de ese año, conoció a Lúcia Havelange, hija de Joao Havelange. Este último sería el zar de la FIFA desde 1974 hasta 1998. Ricardo y Lúcia se casaron en pocos meses, y cuando le llegó el turno, el suegro ayudó al hijo del minero a acceder al puesto de presidente de la Confederación Brasileña de Fútbol (CBF).

23 años después de ser nombrado presidente de la CBF, Teixeira se vio obligado a renunciar al cargo. En un escueto comunicado, citó razones médicas como la razón de su partida, pero para nadie era un secreto que el motivo real estaba en el informe de un fiscal del Canton de Zug en Suiza, el cual revelaría solo unos meses después que Ricardo y su ex suegro (el ingrato Teixeira ya había desechado a Lúcia por una mujer de 25 años) habían cobrado más de 41 millones de dólares en sobornos luego de intervenir irregularmente en la adjudicación de los derechos de comercialización de la Copa Mundial.

El episodio de los sobornos fue destapado por el legendario periodista Andrew Jennings en el programa Panorama de la BBC. Hace unos años, también, escribí una extensa crónica para INFOS y la Revista Poder (disponible en su totalidad en el portal de la Revista Semana de Colombia), donde describo en detalle los entretelones del auge y caída de Havelange y Teixeira en la FIFA.

 

El gurú del marketing deportivo

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Foto: FC Barcelona

A diferencia de Teixeira, Sandro Rosell se destacó desde temprana edad como un astuto hombre de negocios. Con solo 25 años ya era el responsable de los patrocinadores internacionales para las Olimpiadas de Barcelona en 1992 y agente comercial de la FIFA, la UEFA, el Comité Olímpico Internacional, entre otros. Antes de cumplir los 35 años, era una leyenda en el campo del marketing deportivo. Representando a Nike, gestionó los contratos de la marca deportiva con los dos equipos que más camisetas venden en el mundo: El FC Barcelona y la selección de Brasil. Ambos matrimonios comerciales perduran hasta ahora.

La brillante carrera de Rosell no se detuvo hasta ser presidente del Barcelona y coincidió con una etapa de grandes éxitos deportivos para el club. Pero en enero del 2014 tuvo que dimitir luego de que el “Caso Neymar” le explotara entre las manos. Al marketero prodigio se le acusa ahora por la elaboración de contratos simulados, así como la realización de operaciones de ‘ingeniería financiera’ mediante los que se pretendió evadir impuestos en el sonado traspaso del brasileño Neymar del Santos al Barcelona. En resumen, la sospecha es que en el camino Rosell y sus asociados se han quedado con una tajada de los 57 millones de euros que oficialmente desembolsó el club español por el talentoso delantero.

 

Cuentas claras, amistades duraderas

Pero vayamos de vuelta al 2008, cuando Sandro Rosell creó Ailanto, una firma de marketing deportivo dedicada a la organización de eventos de fútbol en Brasil. Solo cinco meses después de fundada, Ailanto se hizo de los derechos para organizar un partido amistoso entre las selecciones de Brasil y Portugal. Una semana antes del encuentro que se disputó en Brasilia, el gobierno del Distrito Federal firmó un contrato para pagar a Ailanto 4 millones de dólares por los derechos de comercialización y otros servicios que incluían el transporte y alojamiento para los jugadores de ambos equipos.

Brasil ganó 6 a 2 y hasta ahí, todos felices. El problema surgió a raíz de que una investigación del periodista brasilero Lúcio de Castro para la revista ESPN (“O Amigo Oculto”) descubrió que los gastos relacionados a la organización del partido eran solo de alrededor de 500 mil dólares y que, en todo caso, una filial de la CBF ya se había hecho cargo de ellos. Pero la investigación de Lúcio no se detuvo ahí: el periodista también obtuvo documentos que certificaban que el domicilio que consignó Ailanto al constituirse era nada menos que el de una finca registrada a nombre de Ricardo Teixeira.

La de Sandro y Ricardo era una vieja amistad cimentada desde la época en que Nike compró la camiseta y los derechos de explotación comercial de la selección de Brasil en la década de los 90. De cualquier manera, no todo era negocios para estos compadres del fútbol: De Castro también reportó en su excelente crónica que luego de andar prácticamente de la mano durante el mundial de Alemania en el 2006, ambos personajes alquilaron el yate “Blue Harem” en Mónaco (clic para foto de la humilde embarcación) y emprendieron un paseíto de un par de semanas por el Mediterráneo. El precio pagado: una ganga de 100,000 euros diarios.

 

El saldito que nos faltaba

Los ingleses, tal vez con la sangre en el ojo por haber perdido la oportunidad de organizar la Copa en el 2018, dicen que los nexos de Rosell con Qatar y la injerencia de Teixeira en el Comité Ejecutivo de la FIFA que escoge las sedes de los mundiales, apuntan a que el pago de los 2.4 millones de euros que fueron a la cuenta de la hija del brasilero serían indicio de juego sucio en ese proceso de selección, el cual culminó con la adjudicación de Rusia y Qatar como organizadores para el 2018 y el 2022 respectivamente.

(Aquí hago una pausa comercial: Cómo los qatarís y sus petrodólares compraron la Copa del 2022 es una historia que vengo trabajando para su publicación en la edición de Mayo de la Revista Poder. ¡No se lo pierda!)

Los periodistas que han investigado a Teixeira por décadas, como el mencionado De Castro o Juca Kfouri, se inclinan por la explicación más pedestre: simplemente se trataría de un saldo que Rosell le debía a Teixeira por los negociados y cuchipandas de ambos sujetos a costas de los bolsillos de los fanáticos del fútbol y de los contribuyentes brasileros. Y no se les ocurrió mejor idea que utilizar la cuenta de ahorros de la hija de 10 años de Ricardo. Ni Tony Soprano -auténtico hombre de familia- caería tan bajo.

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