deportes , matemáticamente Sábado, 7 noviembre 2015

Esta es la increíble y triste historia de cómo Michel Platini pasa de ser un crack del fútbol a un cuestionado dirigente

Hace un tiempo Eddie Fleischman me citó en un café y me dijo: “Quiero hacer una revista y que tú la edites“. ¿Una revista, en estos tiempos del balbuceo de 140 caracteres y dictadura de los memes?, me pregunté. Y me encantó la idea. Cada vez que sale una nueva publicación, se vende como distinta, y como la alternativa que la gente, cansada de lo mismo, estaba esperando. Lo único que ofrecemos en este segundo número –y los que esperamos vengan después– es contenido con información relevante, con análisis y con grandes historias. En esta segunda edición, Juan Carlos Ortecho nos muestra la cumbre y el ocaso del exfutbolista y hoy Presidente de la UEFA, Michel Platini. Esta es solo una muestra de FAIR PLAY.

Au revoir, Michel

Platini, auge y caída de un crack de medias caídas

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escribe Juan Carlos Ortecho para FAIR PLAY

La UEFA le ha puesto fin a la carrera política de Michel Platini al retirar su candidatura a la presidencia de la FIFA. Pero la imagen del francés envuelto en ese remedo de film noir que tiene como escenario los pasillos de oficinas en Zúrich es una que intentaremos olvidar. A diferencia de otros personajes involucrados en ese guión –como el resbaloso Blatter o el infausto Jack Warner–, en el caso de Michel podemos recurrir al recuerdo del hermoso mediocampista que conocimos hace cuarenta años.

Julio Ramón Ribeyro lo vio una tarde de abril de 1977 cuando miraba distraído un partido entre el Nancy y el Valenciennes en el televisor de su apartamento de la Place Falguiére: “He descubierto al fin un jugador francés de verdadero talento: Platini. Apenas recibe la pelota ya su mirada ha abarcado todo el terreno, ha visto dónde están los adversarios y dónde los partidarios mejor colocados, por dónde conviene avanzar y a quién entregar el esférico”.

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Pocos meses después de deslumbrar a Ribeyro, el prodigio nacido en Lorena clasificaba a Francia a Argentina 78 con un golazo a Bulgaria desde treinta metros en el Parque de los Príncipes y Europa ya lo miraba con admiración. Después llegarían los tres mundiales al frente de la selección francesa más talentosa de la historia, las medias rojas caídas en la noche húmeda de los penales contra Alemania en el Sanchez Pizjuán, la gloria de la Euro 84 y los sendos trofeos continentales con la Juve.

Pero, como diría Eduardo Sacheri, el tiempo cometió la estupidez de seguir transcurriendo, y al retirarse, Platini se probó el buzo de director técnico. Tuvo un inicio prometedor al frente de la selección francesa, pero la eliminación en la primera ronda de la Eurocopa de 1992 en Dinamarca lo convenció de buscar otro oficio y se dedicó a la dirigencia deportiva. Así, condujo con éxito la organización del mundial Francia 98 y llegó al sillón presidencial de la UEFA en el 2007.

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Cuando en la mañana del 27 de mayo del 2015 la policía suiza arrestó a una pandilla de dirigentes FIFA en un lujoso hotel de Zúrich, muchos entendieron que la hora de rendir cuentas había llegado para Sepp Blatter. Entonces las miradas se volvieron al aparentemente impecable resume del Dauphin Michel. Qué mejor final de guión que un ex número diez de medias caídas salvándonos de tanta inmundicia.

Ahora hemos caído en la cuenta que con el terno y la corbata puestas, Sepp, el traicionero hombrecito de Valais, tenía el mismo panorama y habilidad que Michel en las canchas. En su penúltima hora al frente de FIFA, el suizo le dijo: “me voy, pero tú vienes conmigo”, y filtró a la fiscalía suiza pruebas de un antiguo pago irregular por dos millones de euros a las cuentas bancarias del ex crack.

“Una contextura física ideal, una fulminante fuerza en los disparos, un dribbling imprevisible, una serenidad absoluta y una elegancia de ejecución hacen de él un fenómeno y de su contemplación un verdadero gozo”, decía Ribeyro en 1977. Lo mejor que podemos hacer aquellos que le debemos a Platini gran parte de nuestra educación sentimental en el fútbol es quedarnos con esa imagen y borrar la del directivo de mirada flácida y moral dudosa.

Este y otras grandes historias deportivas las puedes encontrar ya en la segunda edición de la revista FAIR PLAY

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